Canto
gregoriano o canto llano tiene su origen en la fundación en Roma de la Schola
Cantorum, la primera escuela de canto, en el siglo V. La tradición atribuye al
papa Gregorio I el Magno (590-604) la codificación de esta música, aunque los
expertos lo consideran improbable debido a la cortedad de su pontificado. En
cualquier caso, esta forma de canto se desarrolla durante la alta Edad Media,
sobre todo entre los siglos VII y VIII. Es un canto monódico o de una sola voz y
de ritmo libre. No tiene acompañamiento porque entonces se consideraba que los
instrumentos musicales eran elementos profanos que no tenían cabida en la
liturgia.
Tal como lo conocemos ahora, o sea, tal y como lo interpretan los monjes de Silos, el canto gregoriano es una reconstrucción científica, el resultado de más de un siglo de investigación. En la Edad Media esa música se escribía sin sistema de notación, las notas o neumas se escribían sin ninguna pauta, en forma de acentos gráficos sobre los textos de los manuscritos. El pentagrama no existía. Cuando cantaban, los monjes leían los textos y las notas les servían para orientarles gráficamente por dónde tenían que cantar, pero no les indicaban tono ni compás alguno. Hacia el siglo X empezaron a usar una especie de ’proto pentagrama’ compuesto por una sola línea que separaba los neumas diastemáticos agudos de los graves. Más tarde la notación empezó a sistematizarse utilizando como referencia gráfica el tetragrama. Esto ha dificultado bastante saber cómo se cantaba en los monasterios medievales la Edad Media. Monjes como los de Silos y Solesnes han tenido que limpiar todas las ’impurezas’ añadidas por el tiempo para recuperar el gregoriano ’original’, no sin debates y polémicas entre las diferentes escuelas de expertos.
Hay investigadores compulsivos de las posibilidades de las nuevas tecnologías, hay exploradores de otras latitudes -África y Latinoamérica aparecen como los nuevos semilleros- Los menos, sin embargo, emprenden un viaje hacia atrás en el tiempo en busca de antiguas músicas para traerlas al presente de la mano de la tecnología.
La viabilidad de esa fórmula ya quedó suficientemente probada con el éxito de
Enigma hace unos años. Ahora Gregorian se lanza de nuevo a la tarea de rescatar
los sonidos de los viejos monasterios de la mano de los samplers digitales, pero
con la novedad de utilizar la mezcla como instrumento para reinterpretar cuatro
décadas de historia del rock.
El resultado es, cuanto menos, curioso. Gregorian
recupera a Dire Straits, Clapton, REM o Simon and Garfunkel, reinterpretándolos
a partir de bases rítmicas suficientemente contundentes y voces de coros
gregoriano. Detrás del proyecto está, como no podía ser de otra forma, la mano
de un productor afamado (Frank Peterson).
Discografía:
Masters Of Chants I - III Special Edition
The Dark Side
The Dark Side Special Rock Edition
The Masterpieces
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